
Te lo voy a decir claro, aunque sea yo quien pierda con ello: no empieces en septiembre.
Sé perfectamente lo que tocaría escribir aquí. Preparo oposiciones, vivo de que haya alumnos matriculados, y el mensaje que más vende en estas fechas es el de la urgencia. «Septiembre es el mejor momento para arrancar». «Quien empieza en septiembre, llega antes que el resto». «No pierdas ni una semana, la competencia no descansa». Podría escribir ese artículo con los ojos cerrados, y probablemente me traería matrículas esta misma semana. Pero no lo voy a escribir, porque no es verdad, y porque llevo demasiados años preparando opositores como para no saber lo que le pasa a una cabeza que acaba de salir de una oposición, precisamente cuando llega septiembre y todo el mundo empieza a moverse.
¿Sabes lo que has hecho este mes de junio y parte de julio, según el caso? No has hecho un examen. Has pasado meses de tensión acumulada que se han concentrado en unas pocas horas decisivas, y luego has tenido que esperar unos resultados que, para bien o para mal, te han removido por dentro. Eso no se cierra con una ducha y un café. Eso deja una fatiga mental que no se ve, que no sale en ninguna radiografía, pero que está ahí, y que si la ignoras, te la vas a encontrar dentro de dos meses convertida en bloqueo, en desgana, o directamente en el abandono silencioso de una preparación que nunca debiste empezar en las condiciones en las que la empezaste.
¿Por qué crees que tantos opositores de segunda o tercera convocatoria arrastran una sensación de estar «quemados» antes incluso de haber avanzado tema uno? Porque nunca han parado o, al menos, no lo ha dejado su cabeza. Porque han pasado de un ciclo a otro sin soltar lo anterior, arrastrando el cansancio de una convocatoria a la siguiente como quien arrastra una maleta demasiado pesada, y llega un momento en que ese peso no se nota en el cuerpo, se nota en la cabeza, en la falta de concentración, en la incapacidad de disfrutar ni un solo día de estudio.
Yo no preparo autómatas. Preparo personas, con una vida detrás del temario, y esa vida necesita respirar. Y aquí quiero ser honesto contigo: si te dijera que apuntarte ya mismo es lo mejor que puedes hacer, estaría cuidando mi negocio, no cuidando tu preparación. Y esa es precisamente la diferencia entre un preparador que solo quiere llenar aulas y uno que quiere que llegues bien, con la cabeza entera, al día del examen que de verdad importa. Quienes se han preparado conmigo en este curso saben bien los que les digo y lo que trabajamos para afrontar la oposición como una parte de la vida.
¿Qué significa parar? No significa abandonar la idea de opositar, ni dejar de pensar en tu futuro. Significa darte un margen real, de meses, no de un fin de semana, en el que no abras un tema, no toques un esquema, no mires una convocatoria. Significa recuperar horas de sueño que llevabas meses debiendo, volver a las cosas que dejaste aparcadas por el camino, estar con la gente que quieres sin la sombra del temario pendiente encima de la mesa. Significa, en definitiva, dejar que tu cabeza vuelva a ser tuya antes de volver a prestársela a las oposiciones.
Y no, esto no es perder el tiempo. Esto es justo lo contrario. La preparación que empieza sobre una fatiga sin resolver es una preparación que arranca coja, y lo que se ahorra en semanas al principio se acaba pagando, con intereses, en forma de bajón anímico a mitad de curso, de esa sensación de «no puedo más» que aparece precisamente porque nunca hubo un punto de partida limpio. He visto a demasiados alumnos empezar en septiembre arrastrando julio, y he visto a los que sí pararon llegar a la recta final con una fortaleza mental que los otros ya no tenían. La diferencia no estaba en el talento. Estaba en el descanso.
Así que, si has opositado este verano, mi consejo como preparador, no como alguien que miraría por su negocio, es que te des el permiso de parar. De verdad. Sin culpa, sin la sensación de que estás perdiendo terreno frente a nadie. Porque quien prepara oposiciones para toda una vida, y no para una convocatoria, sabe que el descanso no es la pausa de la preparación. Es parte de ella.
26 de julio de 2026
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