logo fran nortes

Superar la primera prueba no es haber aprobado la oposición

5 de julio de 2026

Has superado la primera prueba. Has recibido la nota, la has comprobado varias veces por si había un error, y ahora convives con una sensación que, aunque comprensible, conviene mirar de frente: la de que lo difícil ya ha pasado. Que lo que queda es un trámite. Que la segunda prueba, al fin y al cabo, «es la que se prepara con tiempo» y no la que depende del azar de un sorteo de temas o de un supuesto práctico imprevisible. Esa idea circula cada año entre quienes acaban de dejar atrás la primera prueba, y cada año conviene desmontarla con la misma claridad.

La segunda prueba no es más fácil. Es distinta. Y esa diferencia es, precisamente, lo que hace que muchos aspirantes que llegaron con solvencia a este punto se queden fuera en la fase de oposición sin haberlo visto venir. La defensa de la programación didáctica y la exposición de la unidad didáctica exigen algo que la primera prueba no exige: sostener, en tiempo real y ante un tribunal que escucha y valora tu seguridad para defender lo que has entregado por escrito. No hay margen para memorizar sin comprender. No hay margen para copiar una estructura ajena y confiar en que funcione. El tribunal no está calificando un texto de la programación; está calificando a la persona que tiene delante, defendiendo en voz alta lo que ha escrito.

En algunas comunidades autónomas, como ocurre en la Región de Murcia, esa exigencia se traduce, además, en un momento concreto y determinante: el debate con el tribunal. No es una formalidad ni un añadido protocolario al final de la exposición. Es una parte de la prueba con calificación propia, en la que el aspirante debe responder, defender y argumentar en tiempo real, sin la seguridad del papel escrito delante y sin la posibilidad de reformular con calma lo que ya se ha dicho. Quien llega a ese momento pensando que ya ha superado lo importante —porque la programación estaba bien construida y la exposición de la unidad didáctica salió fluida— descubre, a veces demasiado tarde, que el debate exige una solidez distinta: la de conocer tu propio documento con la profundidad suficiente para sostenerlo bajo presión.

Nada de esto se resuelve con nervios ni con confianza excesiva; se resuelve con preparación específica, y esa preparación específica empieza por asumir que la segunda prueba no perdona la sensación de que «ya está todo hecho». No lo está. Queda superarla, y en algunos casos, queda además superar un debate que pone a prueba exactamente lo que no se puede fingir: el dominio real de lo que has presentado.

Si algo hay que interiorizar en este punto del proceso es que haber llegado hasta aquí demuestra capacidad, constancia, conocimiento y suerte (sí, has leído bien, suerte porque mucha gente se ha quedado fuera por esa falta de suerte). Pero la fase de oposición no se divide en una prueba difícil y otra sencilla. Se divide en dos pruebas distintas, cada una con su propia exigencia, y la segunda no perdona a quien la aborda con la guardia baja.

Te recuerdo que tengo disponible 90 preguntas y respuestas de tribunal que te pueden servir para preparar el debate y que encuentras haciendo clic aquí.

Últimas noticias

linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram