
El lunes siguiente a la realización de la primera prueba de la fase de oposición debe convertirse en un día de transición activa hacia la segunda prueba. Es muy probable que la resaca emocional siga presente, tanto si las sensaciones han sido buenas como si han sido malas —especialmente en este último caso—.
En cualquier caso, hay algo que toda persona aspirante debe tener claro: el tiempo que no se aprovecha es tiempo que no se recupera.
El punto de partida ideal es llegar a este lunes con la programación didáctica ya elaborada y lista para imprimir. Si incluso se ha entregado con antelación, mejor todavía. Ahora bien, si no está completamente finalizada o requiere ajustes para adaptarla a los criterios de valoración del tribunal, este lunes debe dedicarse a ello sin demora.
También es el momento adecuado para comenzar a repasar el guion de defensa de la programación didáctica, ya sea en formato redactado, esquema o una combinación de ambos. Lo importante es retomar el trabajo de forma progresiva, sin saturarse, ya que el impacto emocional del fin de semana aún puede notarse. Quienes estén entre las primeras posiciones del listado del tribunal son quienes menos pueden descuidarse, ya que probablemente serán de los primeros en enfrentarse a la segunda prueba. En cambio, quienes se encuentren en la mitad baja o al final del listado, pueden permitirse algún día más de desconexión, sabiendo que disponen de más tiempo.
Si los méritos no se han entregado previamente o deben presentarse junto con la programación, este lunes también debe aprovecharse para organizarlos. Así dejamos resuelto todo lo administrativo y podemos centrarnos por completo en lo importante.
Los días siguientes serán clave para aumentar la carga de trabajo, especialmente si es probable que se esté entre las primeras personas en ser citadas por el tribunal. En ese caso, recomiendo organizar el día de la siguiente manera: una defensa de la programación didáctica por la mañana y otra antes de comer, acompañada de la exposición de una unidad didáctica. Por la tarde, repetir el esquema en función del tiempo disponible.
A partir del segundo día, la secuencia puede intensificarse: simulacro completo de defensa y exposición nada más despertar (incluso antes de ir al trabajo, si es el caso), y repetirlo antes de comer y por la tarde. Mantener esta rutina durante tres días garantiza una defensa más que afinada, y una revisión global de todas las unidades didácticas si se parte de un mínimo de doce. Evidentemente, esta organización puede ajustarse en función del número de unidades incluidas en la programación.
Tras estos días de mayor intensidad, conviene mantener el ritmo con un único simulacro completo diario. Si se puede realizar con público —aunque no sea del ámbito educativo—, mejor, ya que permite ensayar en condiciones más similares a las reales. Eso sí, es importante no llegar al agotamiento: hay que administrar bien la energía para llegar al día de la segunda prueba con la fuerza suficiente para comunicar todo lo trabajado.
Ten en cuenta que, conforme avanzan los días, es habitual que aumenten las dudas y la incertidumbre sobre cómo fueron los resultados de la primera prueba. Esto puede afectar a la concentración y a la motivación. Por eso es tan importante aprovechar los primeros días tras el examen, aunque cueste, para incrementar la preparación de la siguiente fase. Ese esfuerzo anticipado se agradecerá.
En definitiva, esta es una de las propuestas que trabajamos dentro de la estrategia de preparación en fase de oposición, siempre adaptable a las circunstancias personales de cada aspirante. Pero hay algo que no cambia: estos días no pueden dejarse al azar. Necesitan planificación, foco y una estrategia clara.
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