
La evaluación es verdaderamente formativa cuando sirve para que el alumnado aprenda. Para que esto ocurra, la información que el docente transmite debe ser clara y concreta sobre lo que el alumno o alumna debería ser capaz de lograr.
En este sentido, limitarse a dar una calificación cualitativa —insuficiente, suficiente, bien, notable o sobresaliente— o una cuantitativa sobre diez puntos no aporta un valor real. Solo sitúa al alumno en una escala comúnmente aceptada, pero no le explica qué necesita hacer para mejorar. Una nota de ocho u «notable» no indica qué pasos faltan para alcanzar la máxima calificación; mucho menos lo hace un «insuficiente» o una puntuación inferior a cinco.
Lo mismo ocurre con expresiones como «mal, regular o bien». Aunque estén definidas, no ofrecen al alumnado la orientación necesaria para saber qué mejorar.
La evaluación formativa, en cambio, exige enseñar, explicar y trasladar de manera explícita: qué se ha aprendido, qué se está haciendo bien y qué falta para alcanzar el nivel deseado. Para ello es fundamental contar con escalas de desempeño que definan, en cada nivel, los aprendizajes que se deben alcanzar y no basta con entregar a las familias el examen realizado por el alumno para que lo firmen sin más explicación.
¿Cuántos niveles de desempeño son necesarios?
No existe un acuerdo único, pero en el marco de la educación básica parece razonable proponer cinco niveles de desempeño, en sintonía con las calificaciones cualitativas tradicionales. No obstante, cada centro puede, en virtud de su autonomía pedagógica, establecer más niveles, como sucede en los informes de diagnóstico que las Administraciones educativas elaboran para informar a alumnado y familias sobre el progreso competencial.
¿Qué información trasladar a las familias?
Una propuesta adecuada es que, tras aplicar los instrumentos de evaluación —exámenes, trabajos, exposiciones orales, proyectos…—, se ofrezca a las familias una información clara sobre:
Poner una nota en un examen y devolverlo a casa para que lo firmen las familias no constituye una evaluación formativa. Lo que falta en ese proceso es lo más importante: el conocimiento de cómo mejorar.
Por eso, si se opta por trasladar el examen, debería acompañarse de una información adicional que detalle estos aspectos. Puedes ver un ejemplo de cómo hacerlo para el área de Lengua castellana y literatura del tercer ciclo de Educación Primaria haciendo clic aquí.
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