
Durante la preparación de una oposición, especialmente, en la parte didáctica referida a la elaboración de la programación didáctica y de la unidad didáctica o situación de aprendizaje, según el caso, se suele insistir en la necesidad de que el opositor realice una propuesta innovadora basada en la normativa curricular vigente, que atienda a los modelos pedagógicos emergentes y que cumpla, entre otros, con los principios de una evaluación formativa.
Es cierto que debe ser así, pero no lo es menos que, ante todo, la propuesta que se vaya a exponer ante el tribunal tiene que ser viable y ajustada a la realidad. Algo que no siempre sucede así.
Pretender ser excesivamente innovador puede provocar el efecto contrario y es que el tribunal, que son docentes que están a pie de aula y que conocen la realidad escolar, perciba que lo que el opositor está exponiendo está bien, pero complicado de aplicar en el contexto real en el que se desarrolla el proceso de enseñanza y aprendizaje que no es el que puedan defender distintos autores, academias y preparadores de oposiciones que, en algunos casos, no están ejerciendo en las aulas porque su actividad profesional está volcada, exclusivamente, en la preparación de oposiciones.
Ahora estamos en días en los que ya se han celebrado las sesiones de evaluación correspondientes al segundo trimestre o se están celebrando y no hay mejor medidor que comprobar, en esas sesiones de evaluación, qué es lo que predomina entre los compañeros y compañeras que conforman el equipo docente de un grupo. Un buen medidor es responder a las siguientes preguntas:
¿Se utilizan las rúbricas para emitir la calificación?
¿Se comparten experiencias docentes positivas basadas en las metodologías activas?
¿Se utilizan recursos didácticos variados más allá del libro de texto?
¿Se adoptan decisiones sobre la evaluación de la propia práctica docente en torno a indicadores de logro?
¿Se ha realizado una revisión de las situaciones de aprendizaje que se han desarrollado en la segunda evaluación?
Podría seguir, pero creo que es suficiente para que reflexiones que sí, que hay que innovar en la propuesta didáctica que vamos a presentar al tribunal, pero con los pies en el suelo: la realidad escolar no siempre es la que se cuenta en las redes sociales.
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