
La última semana suele ser una de las más complejas en la preparación de la oposición. Aparece la sensación de que ya no se puede hacer más —y es cierto— y crece el deseo de que llegue cuanto antes el día del examen. A la vez, los nervios se intensifican y, en ocasiones, pueden ocupar todo el espacio mental, generando un estado de tensión que se retroalimenta y del que no resulta fácil salir.
Si a esto sumamos la dificultad para conciliar un sueño reparador —agravada por las características propias de estas fechas: días más largos, amaneceres tempranos y temperaturas elevadas—, se dan las condiciones idóneas para que, paradójicamente, tras tantos meses de esfuerzo, uno sienta que puede llegar al gran día en las peores condiciones posibles.
Esta percepción, más o menos intensa según el caso, se enfrenta con una idea clave: el trabajo realizado ha sido el mejor que podía hacerse en función de las circunstancias personales de cada aspirante. Ahora no es momento de reproches ni de analizar qué se podría haber hecho de otro modo. Ya habrá tiempo, después de la oposición, para valorar y tomar decisiones si el resultado no es el esperado.
Si llevas pocos temas preparados, el factor suerte tendrá mayor peso, pero conviene recordar que solo necesitas dominar uno de los que entren en el sorteo. En las oposiciones de ingreso a los cuerpos docentes, el temario solo se aplica en la prueba escrita del tema, y no en el resto del proceso.
En estos días es probable que duermas poco, pero no es grave. Si a partir del miércoles las horas de descanso son escasas, no te alarmes. Lo verdaderamente importante es el descanso acumulado en las semanas previas. Y tras el 21 de junio, será más fácil conciliar el sueño. Esa será ya otra etapa que, cuando llegue, sabrás cómo abordar.
También es fundamental que no te dejes arrastrar por las dudas de última hora, especialmente las que proceden de otros aspirantes que, con seguridad extrema, afirman haber recibido indicaciones definitivas de sus preparadores sobre cómo afrontar un supuesto práctico o cualquier otro aspecto. Protégete de esos comentarios. Lo mejor que puedes hacer ahora es confiar en tu preparación. El momento de revisar lo que funcionó y lo que no llegará más adelante. Ahora no toca.
La semana transcurrirá al mismo ritmo que las anteriores, aunque tu percepción del tiempo será distinta. Reduce los tiempos de repaso, visualiza el aula en la que te examinarás —ya sea en persona o con ayuda de imágenes disponibles en internet—, continúa con tus paseos nocturnos y, como ya comentamos en el artículo anterior, no subestimes el papel de la sexualidad como una vía natural para descargar tensión y activar tu sistema endocrino a tu favor.
El día D llegará. Y pasará. Pero no es el final, sino el inicio del proceso de oposición para el que tanto te has preparado.
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