
Hay una pregunta que casi nunca me hacen cuando alguien empieza a preparar una oposición, y sin embargo influye más de lo que parece: ¿dónde vas a estudiar y cómo es ese sitio? Todo el mundo pregunta por el temario, por el número de horas o por cuándo se publicará la convocatoria. Casi nadie pregunta por la mesa.
Lo digo así de claro porque llevo muchos años viendo cómo se estudia, y he comprobado que una preparación de meses, a veces de años, no se mantiene solo con disciplina. Se sostiene también con las ganas de sentarse cada día. Y esas ganas dependen, en buena medida, de si el lugar donde te sientas te apetece o te agobia. Una mesa con papeles amontonados, un cuaderno cualquiera y un bolígrafo que apenas pinta te dice, sin palabras, que aquello es una obligación. Un espacio cuidado te dice que vas a trabajar en algo que merece la pena.
Empiezo por lo más sencillo: una buena agenda. Comprarte una agenda que te guste, que te apetezca abrir, que sea bonita, no es una frivolidad. Es el lugar donde tu plan de trabajo deja de ser una idea y se convierte en un compromiso visible. Cuando anotas a mano qué toca cada día y luego lo tachas, ocurre algo que ninguna aplicación consigue igual: ves cómo avanzas. Y en una preparación tan larga, ver que avanzas es lo que evita que la cabeza te susurre, semana tras semana, que no estás llegando a ningún sitio. Además, la agenda te quita de la cabeza la carga de recordar lo que hay que hacer, y una cabeza liberada de esa carga rinde más.
Luego están los posits, que son de las herramientas más subestimadas del opositor. Un posit en el margen de un tema, una idea clave pegada donde la vas a ver, una duda anotada para no olvidarla y resolverla después, un recordatorio de normativa que siempre se te escapa. Los posits convierten el estudio en algo que se ve y se toca, y eso ayuda a la memoria porque el cerebro asocia mejor lo que tiene un lugar y un color que lo que vive en una página igual a todas las demás. Tienen otra virtud menos comentada: cuando quitas uno porque ya lo dominas, tu cabeza registra un pequeño logro. Son victorias diminutas, pero en una oposición las victorias diminutas importan mucho.
Y los lápices de colores o subrayadores. Sé que a algunos les puede parecer cosa de la escuela, pero precisamente por eso funcionan. Subrayar con un código propio, un color para la normativa, otro para las ideas que quieres destacar en el examen, otro para lo que te cuesta, obliga a decidir qué es importante en cada línea, y decidir es estudiar de verdad, no pasar los ojos por encima. Además, hay algo de placer en escribir con colores que a los adultos se nos olvida. Ese pequeño gusto por lo que haces, aunque parezca insignificante, hace que el rato de estudio deje de vivirse como una condena.
Aquí llego a lo que de verdad quiero decirte. Nada de esto es magia ni sustituye a las horas de trabajo. Pero el estado mental con el que te sientas a estudiar cuenta. Un entorno ordenado y agradable reduce la sensación de caos, y esa sensación de caos es una de las cosas que más desgasta en una preparación larga. Te da algo de control cuando muchas otras cosas, como la convocatoria, las plazas o la fecha del examen, no dependen de ti. Y te da un ritual: sentarte, abrir la agenda, coger tus colores y empezar. Los rituales, cuando hay que sostener meses de esfuerzo, son un aliado enorme, porque te ahorran la batalla diaria de arrancar.
Me gusta compararlo con lo que hace cualquier persona que quiere crear el hábito de salir a correr. Muchos empiezan comprándose unas zapatillas que les gusten y ropa cómoda, y no es porque la ropa corra por ellos, sino porque les hace más fácil salir por la puerta. Con la oposición pasa exactamente lo mismo. No te van a aprobar los posits, pero pueden ayudar a que hoy sí te sientes.
Si quieres empezar por algo, te doy tres ideas sencillas. Elige un rincón que sea solo de estudio, aunque sea pequeño, para que tu cabeza lo asocie con concentración. Deja fuera de la mesa todo lo que no vayas a usar hoy, porque un espacio despejado invita a empezar. Y dedica un rato, una sola vez, a prepararlo a tu gusto: tu agenda, tus colores, tus posits, una luz que no te canse la vista. Ese rato no es tiempo perdido. Es la primera sesión de estudio del curso, aunque no abras ningún tema.
Cuidar el sitio donde estudias es una forma de cuidarte a ti durante un proceso largo y exigente. Y quien llega bien al final de una oposición suele ser quien, además de estudiar, aprendió a hacerlo con ganas.
20 de septiembre de 2026
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